Epidemiología

La prevalencia de la insuficiencia cardiaca es de 1 % a 2 % en los países occidentales. Aumenta considerablemente en la población de adultos mayores, y se estima que es de más del 10 % en personas mayores de 70 años (Mosterd y Hoes, 2007). Su incidencia está aumentando (tasa de crecimiento anual de casi 2 %), principalmente debido a una población que envejece y a una mejor supervivencia después de cuadros clínicos como infartos agudos de miocardio (Ambrosy et al., 2014). En un estudio se ha estimado que el riesgo de padecer insuficiencia cardiaca a lo largo de la vida es del 33 % en hombres y del 28 % en mujeres (Bleumink et al., 2004). El número de eventos de insuficiencia cardiaca aguda diagnosticados en todo el mundo es difícil de estimar con precisión, pero la insuficiencia cardiaca como diagnóstico principal representa más de 1 millón de hospitalizaciones, siendo la principal causa de hospitalización en EE. UU. y Europa (Ambrosy et al., 2014).

Durante las últimas décadas, las mejoras en el tratamiento de la insuficiencia cardiaca han mejorado la supervivencia y disminuido la tasa de hospitalización. A pesar de esto, su pronóstico es todavía bastante deficiente: recientemente se informó que una población de pacientes hospitalizados por insuficiencia cardiaca tenía una tasa de mortalidad en un año del 17 % y una tasa de hospitalización en un año del 44 % (Maggioni et al., 2013). Mientras tanto, en la Auditoría Nacional de Insuficiencia Cardiaca (National Heart Failure Audit) realizada en Reino Unido en 2016 se detectaron 56 915 ingresos por insuficiencia cardiaca y se registró una tasa de mortalidad en un año del 29,6 % (Kurmani & Squire, 2017). Diversas razones relacionadas con las enfermedades cardiacas, vasculares y de otro tipo contribuyen a esta mortalidad. En los países occidentales, la insuficiencia cardiaca es la principal causa de hospitalizaciones en personas mayores de 65 años. Se estima que la insuficiencia cardiaca representa alrededor de 6,5 millones de días en el hospital por año en los Estados Unidos. Esto supone una importante carga financiera según estimaciones del Banco Mundial, que cifra el coste económico global de la insuficiencia cardiaca en 108 000 millones de USD al año (Cook et al., 2014).

La insuficiencia cardiaca aguda se puede clasificar de muchas maneras, y se ha dividido en las siguientes categorías clínicas que se superponen parcialmente entre sí:

  • insuficiencia cardiaca crónica descompensada aguda (~65 % de todos los casos)
  • edema pulmonar (~15 %)
  • insuficiencia cardiaca hipertensiva (~10 %)
  • shock cardiógeno (4 %)
  • insuficiencia cardiaca derecha (3 %) (Nieminen et al., 2006).

El Registro a Largo Plazo de Insuficiencia Cardíaca de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC-HF-LT) recopiló datos de 6629 pacientes hospitalizados con insuficiencia cardíaca aguda en 211 centros de cardiología repartidos por 21 países europeos. La clasificación de los pacientes en este estudio fue similar a la obtenida anteriormente, con un 61,1 % con insuficiencia cardíaca descompensada, un 13,2 % con edema pulmonar, un 4,8% con insuficiencia cardíaca hipertensiva, un 2,9 % con shock cardiogénico y un 3,5 % con insuficiencia cardíaca derecha. Al mismo tiempo, un 14,4 % presentaba insuficiencia cardíaca aguda con síndromes coronarios agudos (ACS-HF) asociados (Chioncel et al., 2017). En otro estudio aparte se intentó realizar análisis por grupos para identificar fenotipos de insuficiencia cardíaca aguda relevantes desde el punto de vista clínico. La evaluación de 77 variables clínicas en 345 pacientes permitió identificar tres grupos (Horiuchi et al., 2018):

Grupo 1

Insuficiencia vascular: presión arterial sistólica media más alta en la hospitalización, congestión prolongada con insuficiencia respiratoria de tipo 2

Mortalidad en 1 año u hospitalización por insuficiencia cardíaca

23%

Grupo 2

Insuficiencia cardíaca y renal: fracción de eyección más baja y peor función renal

Mortalidad en 1 año u hospitalización por insuficiencia cardíaca

36%

Grupo 3

En su mayoría, pacientes de edad avanzada, mayor predominio de fibrilación auricular y fracción de eyección preservada

Mortalidad en 1 año u hospitalización por insuficiencia cardíaca

36%


Se ha informado que, en más del 20 % de los pacientes, se produce disfunción cardiaca aguda durante o después de una cirugía cardiaca. El síndrome de bajo gasto cardiaco perioperatorio es un riesgo sustancial en la cirugía cardiaca; ocurre en 3 % a 14 % de los pacientes sometidos a cirugía de revascularización coronaria, y se asocia con un aumento de 10 veces en la mortalidad (Mebazaa et al., 2010; Algarni et al., 2012).